Así se prueba la nueva generación del Ford Focus.

La nueva generación del Ford Focus ha sido sometida a pruebas en algunas de las localizaciones más extremas del planeta, desde los helados lagos árticos, hasta los desiertos más calurosos, pasando por las pendientes alpinas, donde ha sido conducido a tope de carga. Asimismo, con el desierto de Antequera (Málaga) como testigo, los sistemas de climatización también se han sido sometidos a diversas pruebas de altas temperaturas.

La altitud afecta a los coches de la misma manera que a los humanos. A mayor altitud, el aire contiene menos oxígeno y es más difícil respirar y funcionar.

Ford exige que sus productos desarrollen los más altos niveles de prestaciones en todas las altitudes; por ello la compañía suele frecuentar los Alpes austriacos y la carretera alpina “Grossglockner”.

Bernd Herweling, Ingeniero de Integración de Vehículos de Ford, ha pasado dos semanas en esta zona conduciendo 200 kilómetros diarios, carretera arriba, carretera abajo, este tramo tiene una pendiente constante del 12 por ciento en subida hasta alcanzar los 2.400 metros.

El equipo ha estado realizando pruebas con un Focus camuflado equipado con el nuevo motor de gasolina 1.6 EcoBoost de inyección directa y turbo. Mientras Bernd conducía, su colega Markus Polle, acomodado en el asiento del pasajero, monitorizaba con un portátil la temperatura ambiente, del aceite, y un sinfín de datos. En el asiento trasero, una docena de garrafas de plástico llenas de lastre simulaban un peso equivalente al de tres adultos.

Durante la subida, y después de rodar exprimiendo duramente la mecánica del Focus en la carretera, Bernd detenía el coche en lo más alto del recorrido, apagaba el motor y extendía un deflector de viento alrededor del capó motor para atrapar el calor del interior del compartimiento. “Es un sistema de retención del calor. Buscábamos que el motor siguiera tan caliente como fuera posible. Subiendo controlamos cuidadosamente el sistema de refrigeración del motor, la temperatura del radiador, la temperatura del aceite del motor y en el caso de los modelos automáticos, las temperaturas del aceite de transmisión”, dice Bernd, y añade: “Existen más de 100 canales electrónicos a bordo que registran el comportamiento del coche. Eso es mucha información”.

En el descenso, el test recayó en los frenos.

Otra de las pruebas consistió en realizar la ascensión arrastrando un pesado remolque de cuatro ruedas, manteniendo una velocidad constante de 30 km/h hasta la cima. A esa velocidad, hay poco flujo de aire a través del radiador, por lo que el sistema de refrigeración del motor debía afrontar un duro trabajo. “Las pruebas con remolque son muy importantes”, añade Bernd. “A nivel del mar, en este coche y con este motor puedes remolcar 1.500 kg. Pero aquí arriba en este aire enrarecido el motor sufrirá.

Llevamos el coche al límite para ver cuánto peso puede remolcar en subida y cómo responde el embrague con arrancadas en pendiente a gran altitud.

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